miércoles 23 de mayo de 2007

SUBLIMINAL

Sol
Temperatura, vida, calor... un lugar habitable en el universo por sentimientos y reencuentros, amores pasados y presentes. El futuro no existe, es una imagen vaga en el umbral de la muerte... es un segundo insignificante del presente. La presencia del tiempo, es la unidad de los caminos, de las vidas y de los amantes. Al fin de los tiempos seremos solo uno.

Mercurio
Mensajero de amores, de sensaciones y de temores. En el tiempo exacto es considerado un aliado, en el tiempo incorrecto un enemigo. Peligroso de enfrentar, pero busca la unidad, no la fusión. Eterno navegante de una galaxia esférica. Está más cerca de la muerte que de la vida emocional, me emociona pensar que a pesar de ello, su misión es presagiar, gritar, nombrar y enumerar.
Los vientos estelares, las mareas otoñales, son solo efímeros recuerdos en la caja negra de mi mente, un sueño ilustrado me ha dicho, que el amor llega tarde, pero que evitarlo es imposible, es morir en el acto, sin siquiera haberlo intentado.

Venus
La musa está cerca del amante, de la estrella, pero entre ambos existe un vacío: la inmensidad, lo eterno y lo infinito. La mujer se ha entregado, invisible a los ojos del espectador, visible a los ojos de su amado... invencible a los ojos del guerrero, que separado por nuestra vida ha decido llegar tarde al encuentro de su amante. Tarde, jamás o nunca, son sólo palabras a la hora del amor, axiomas emblemáticos, improbables y desafiantes, como el espíritu del hada que ha regresado del tiempo, en un hermoso corcel alado, blanco como el espíritu e infinito como un sentimiento.

Tierra
Vida, amor eterno, hábitat, hogar, familia, amores y talentos... son combinados en continentes de metal, en ciudades moribundas y naturaleza salvaje... es tan grande la vida, que sólo no se puede vivir. La muerte, está tan segura de ganar en su juego que nos da toda una vida de ventaja. No quiero morir, pero si morir es infinito, quiero que sea a tu lado y mi vida termine, elocuente y suspicaz... fui un traidor del amor, un profanador del templo, pero fui feliz en el segundo que me tocó vivir... y si he de morir de nuevo o vivir mil veces... lo haré encantado al saber que tu presencia también es infinita y mil siglos estelares serán nuestros para recorrer, como tal vez nunca podremos hacerlo, los planetas de tu universo y los confines de tu infinito.

Marte
Violencia, guerra, traición... se ha consumado el evento máximo de la resistencia... hemos dejado de ser dos y somos uno... la vida quedó atrás, tal como la conocemos o vivimos. Nuestra materia ha encontrado la atracción exacta. Nuestra gravedad el momento precioso. Naturaleza amante apasionada... eres el grito de libertad en el universo, el sol que sale cada mañana... y aunque aun no tengo atmósfera... se que la magnitud del creador permitirá la alianza eterna y seremos imposibles, únicos y estrellados a la hora del amor... como en la guerra, juntos venceremos mil batallas... pero solo ganaremos una guerra: la del amor y la unidad.

Júpiter
El mayor misterio de la vida, el potencial brillo del universo... otro sol, dormido y enterrado... no ha muerto, espera, sólo quiere ser espectador... no ha cantado la musa, ni silbado el ruiseñor... los ángeles se han escondido y Dios ha tomado vacaciones. Por ver más allá he quedado ciego... pero el amor no ve, no siente y no conoce, solo es, existe y vive. Te propongo existir, vivir y ser... que es mejor que habitar un mundo hostil y desenfrenado... no termines con tu vida, yo no lo haré con la mía, solo quiero crecer en otro planeta... uno que sea tuyo y mío... sin habitantes ni esquemas.

Saturno
El compromiso es incierto, el deseo permanente... te rodeo y no te abrazo, te quiero a mi lado y una vida nos separa... eres inmensa y a la vez más grande... mis brazos no te tocan, pero mi mente quiere acercarte. Es la unión tan difícil cuando el tiempo se equivoca, que ha veces quiero ser chronos, alfa y omega... pero no culpo al tiempo ni a su anillo eterno, porque al fin y al cabo me llevó a ti, tarde pero lo hizo... y en ese evento, de gratitud infinita, no pienso defraudarlo y dejarte ir sin antes haberte abrazado y tocado, como la vida toca al hombre y le permite existir.

Urano
Vendrán infinitas dificultades, lo se bien. Pero el guerrero de mil batallas aprende a ser valeroso... no te pido amor eterno, que se no me puedes dar, no te pido una órbita permanente, si no lo quieres no insistiré... solo te pido un instante que llevarme a la hora de mi muerte, un segundo y un momento, mira que esta batalla la he perdido creo, y si no he de salir victorioso, al menos me llevaré el orgullo de saber que le he robado al tiempo, un segundo de tu cuerpo, un instante de tu boca y un recuerdo de tu vida.

Neptuno
Sepultado en la infinidad del mar, lejos de todo y de todos, nadaré feliz en mi espíritu si la musa existe en el cielo... jamás la tocaré, pero en la superficie mi aliado eterno, el viento, me ayudará a entrar en contacto con ella... el fuego querrá bajar a la inmensidad de los océanos y no podrá porque será extinto. El agua querrá abrazar al fuego y no podrá sin destruirlo... pero también es cierto que juntos ninguno se hace daño ni se mata de verdad... solo se transforman constantemente... y cuando el fuego es mucho, evapora al agua y cuando el agua es mucha aplaca el fuego... ambos somos elementos poderosos, el universo es diminuto al lado de nuestra unión. Quiero ser eterno a tu lado, la vida existe y puede ser bella.

Plutón
Y al final de toda esta existencia, seremos dueños del universo, solitarios vagaremos por órbitas distintas a los otros... seremos un planeta de fuego y agua, viviendo eternamente. Cuando los amantes que vendrán se pregunten por el sol... sabrán quienes fuimos y lo que hicimos... seremos huella, figura, mármol, diamantes siderales... estrellas que brillarán lejanamente... lejos de todo y de todos... existiremos en el tiempo y sin escondernos, tu llevarás tu vida y yo la mía... pero a la hora de la soledad y el vagabundear eterno... seremos uno y solo uno... a esta hora y hasta el fin de los tiempos.

domingo 20 de mayo de 2007

VorAGINE

Solo existen dos cosas importantes en la vida.
La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo.
Woody Allen

—¡Dame tu leche papito, dámela toda! —estimulé a mi marido minutos después de haber iniciado el acto sexual. Pudo interpretarlo como un deseo incontrolable o una calentura de esas que nos suceden de vez en cuando. Pero no fue así. Lo tomó como un maldito desafío. Me dio con más fuerza, por un par de segundos, y acabó.
—¡Qué rica estuviste mamacita, mamurri, mamá! Voy a pegarme una ducha fría para apaciguar a “Esteban Dido” —llama así a su pene—. ¿Despídase de él con un besito? —rió triunfante y con dejo de orgullo apuntándolo a mi boca. Desatinando hasta en lo más íntimo.
—¡Anda a lavarte la corneta Manuel! No seas ordinario. —dio media vuelta, sin chistar si quiera, siendo el mismo insensible y descuidado de siempre. Caminó hacia el baño al compás de su herramienta, que ocultaba a ratos tras su pálido culo.
Se duchó, vistió y se fue. Es así de rápido para todo. Similar a una foto instantánea: muestra el pajarito, pide una sonrisa, grita ¡Whisky!, aprieta el botón y dispara el flash, aunque a veces no sirva ni de recuerdo.
—¡Manuel por la cresta! ¡Cuantas veces te he dicho que no dejes la toalla mojada en el suelo! —tarareó más fuerte su canción de mierda, ignorándome—. ¡La pasta de dientes se aprieta desde abajo y no desde arriba! ¡Después de mear baja la tapa del water, te recuerdo que en esta casa también vive una mujer! ¡Por favor, ten un poco de consideración! ¡Si se acaba el papel higiénico, podrías sacar el tubo vacío y colocar el nuevo! ¡No es tan difícil hacerlo!
—Ya mamacita, me voy. Nos me esperes a comer, saldré con mis amigos a un happy hour. —se fue cantando y lo que es peor, sin siquiera escucharme.

¡Qué se ha creído este desgraciado, infeliz hijo de su madre! Venir a ignorarme de ese modo. ¡Estoy harta que me desconozca en mi propia casa! ¡Ni un polvo me pone como la gente, eyaculador precoz insignificante! ¿Qué hago con un tipo como éste? ¡Yo merezco algo mejor! ¡Se va mi juventud al lado de este canalla! ¡Debo dejarlo de una buena vez!

¿Quién será que toca el timbre a esta hora?

—¿Buenos días señora, usted llamó un gasfitero para que le revisen el chiflín?
—Efectivamente joven, pase usted.
—¿Me podría mostrar el susodicho?
—Aquí está jovencito… es todo suyo.
—¡Uy! Parece que hace harto rato, que no le prenden bien el calefón señora…
—Ni calienta joven.
—Vamos a aplicarle este conducto para que le saque todo el hollín, que parece que es harto al juzgar por su aspecto.
—Aplique jovencito con generosidad, aplique no más.

El muchacho aplicaba y aplicaba como un verdadero experto. Sus herramientas estaban diseñadas para calzar precisas y exactas con cada curva, concavidad y fuelle. Su juventud, la adrenalina, que en estos pinganillas brota natural y abundante, ¡todos sus poros exudando masculinidad!... el chiflín parecía recobrar toda utilidad. El conducto elegido fue el correcto. El hollín desapareció por completo.

—¿Cuánto le debo joven?
—Nada señora, cortesía de la casa. Es una pega recurrente en este sector. Debe ser un mal endémico que afecta a las casas y las jefas de hogar, obvio.
—Es usted muy amable jovencito y además un filósofo. Lo llamaré cualquier otro ajuste que requiera.
—A sus órdenes señora, fue un verdadero placer atenderla.

Algo es algo, una necesidad menos. Pero hay tantos arreglos que hacer aquí. Y este inútil de mierda que tengo por marido ¡Ni un enchufe es capaz de arreglar! Si al menos cocinara, no tendría que estar yo como una esclava rallando la papa todo el día. ¡Basta ya de esclavitud! ¡Hasta aquí llegó esta cazuela! Además, me están dando ganas de comer algo crudo… mmmm… ¡cansa comer cazuela todas las semanas! … algo crudito pero liviano, hace días lo tengo atravesado —dijo la que más come—. A lo mejor mandarme a guardar un crudo entero con un buen par de huevos… —tan golosa que me pongo— pero no, sigo pensando que es mejor algo liviano y rápido, algo como: ¡Sushi! Eso es lo que haré, ¡Pediré Sushi! ¿Cuál era el número? ¡Aquí está! —ojala tengan anguila—. Listo. Mientras llega aprovecharé de echarle agüita a las flores.

¡Manguera de mierda! ¡Ninguna manguera de esta casa funciona! Desde la semana pasada le estoy pidiendo a Manuel que la arregle, pero como no me escucha... siempre soy yo la que debe solucionar todo. ¡Y este choapino está convertido en una inmundicia! ¡Hay señor, dame fuerzas!

—Buenas tardes caserita, ¿le echamos agüita a las flores? ¿le escobillamos el felpudo? Mi colega y yo somos especialistas en esos menesteres… si hay que podarle algo, le podamos también —parece que el cielo me escuchó.
—Qué amables son ustedes jóvenes, vinieron en el momento preciso. Justo antes que me diera un soponcio.
—Relájese caserita, vamos a dejarle todo sopladito.

¡Qué manguera traían este para de ángeles caídos del cielo! Regaron todo, y cuando digo todo: es todo. Tanta vitalidad, tanta buena voluntad, tanta… tanta… elasticidad. Realmente me dejaron asombrada con sus plenas capacidades. Ni mencionar el felpudo, quedó suave, lanoso, rebosante de brillo y sin rastros de viscosidad ¡Im-pe-ca-ble! Si tan solo alguna vez Manuel se preocupara así, ¡si una maldita puta vez hiciera un gesto, una mueca, un aspaviento!… tal vez la manguera sería otra, el felpudo sería otro, las flores serían otras. Tal vez.

¡Llegó el Sushi!

—Adelante joven. Pase por aquí ¡No pise la tierra que…! se va a manchar los pies con barro —demasiado tarde. El barro se impregnó en la suela de sus zapatos y en cada paso dejaba una mancha negra en el piso.
—Disculpe señora, yo le limpio.
—No se preocupe joven, yo lo haré después de almorzar ¡Me muero de hambre! Tan comilona que me he puesto últimamente. Deje el Sushi sobre la mesa.
—Lo que usted diga señora.

El joven disponía sobre la mesa cada uno de los bocadillos. Noté de inmediato que su Sashimi tenía el tamaño preciso para caber sin problemas en mi boca. El Roll largo y grueso, cubierto de Nori, me despertó aun más el apetito.

—¿Y ese par de bolas qué son jovencito?
—Gyosas, señora. Calientes y apetitosas.
—¡Slurp! —se me hizo agua la boca, tuve que limpiarme lo que había chorreado— ¿Me trajo la anguila que pedí?
—Aquí está señora, en medio de este par de tentáculos que le agregué como un extra.
—¡Qué exótico! Me hizo sonrojar lo atento que es usted.
—Y eso que no ha probado aun la salsa que le tengo, le recomiendo que la frote un poquito para que salga tibiecita.

Destapé una botella de vino blanco —acorde a la ocasión— y me lo comí todo. Lo que a simple vista fue un espectáculo prometedor, dentro de mi boca era la reafirmación de una profecía. El Sashimi entró con suavidad. El tremendo Roll, grueso, largo y negro me hizo atorar, tuve que partirlo en trocitos, ahí cupo bien. La anguila y su par de tentáculos me hicieron acabar; las Gyosas no pude comérmelas, no me cabía nada más. También es cierto que, del modo en como estaban presentadas, tenían aspecto de nada. No lograron calentarme. Pero igual me sentí culpable. Culpable de Gula.
¿Culpable? ¡Culpable de qué! ¿De autocomplacerme una necesidad tan básica? ¡De soportar a un energúmeno de marido que tengo! ¡De aguantar malos tratos y sexo esporádico de dudosa calidad! ¡Culpable!... lo único que faltaba ¡Me estoy poniendo huevona! ¡Mientras el mandril de mi marido se va a happy hour con la tropa de perdedores que son sus amigos! ¡BASTA YA! ¡Me voy de shopping!

¡Qué cantidad de gente! Este shopping ya no es lo mismo, demasiado popular. Voy a tener que cambiar de sector. Me carga andar chocando con gente a cada rato. Eso si: ¡se ve cada espécimen! Cuanto ininteligente emocional, vanagloriando su éxito en cada bolsa o paquete, en cada artículo que han comprado, o en cada tarjeta de crédito que han hecho recagar. Una tropa de timadores y sometidas. Me dan ganas de mandar a todos a la misma mierda. No falta la típica huevona buscando aprobación del marido que espera sentado afuera fumando un cigarrillo. O la que cree que va desfilando en una pasarela, moviendo las caderas como haciéndose espacio a culazo limpio. O la pareja de jóvenes que olvidan que existen lugares donde agarrarse y que no se debe exponer la intimidad en cualquier parte ¡para eso están los moteles o sus casas! —me dan ganas de gritarles—. Cuanto personaje raro y sin vida que viene a estos lugares. Cuanto solitario frustrado buscando sexo casual en otro de su misma especie. Afortunadamente yo no soy así. Yo tengo mi casa, que me gusta, un marido que me quiere… es increíble como en la desgracia ajena uno aprende a valorar lo propio. ¡Hay mi Manuel! Me iré a casa a prepararle esa cazuelita que tanto le gusta. A lo mejor en la mañana de verdad fui un poco desafiante y él sólo siguió al pie de la letra mis propias palabras, ¡tan lindo mi Manu!, fue como si cumpliera una instrucción. Con servilismo voluntario, el que yo misma, convertida en una arpía indolente, no supe comprender ni apreciar en su magnífica amplitud: fue un acto de obediencia y entrega absoluto, casi de devoción. Y yo la muy perra lo traté de eyaculador precoz e insignificante, ¡cuando fue el mismo quien quería que siguiéramos en acción y yo lo mandé a lavarse la corneta! ¡En qué mierda de mujer me he convertido! ¿No puedo acaso recogerle la toalla del piso? ¿Me convierte en menos mujer echar la pasta de dientes hacia delante y rellenar el tubo? ¿Me denigra acaso cambiar el rollo de papel higiénico? Con una piedra me debería dar en los dientes por hablar y pensar así de mi hombre. Me voy a casa.

Cuando bajé del taxi noté que Manu ya estaba en casa. Seguro se aburrió con sus amigotes y vino a comer conmigo. ¡Lindo él! Prepararé la cazuelita, le pondré gotitas de amor.

—¿Mi amor, mi vida, mi cielo? Andaba de shopping, pero ya he vuelto…
—¡Rosalía que significa esto!
—¡¿Qué pasa mi amor?! ¿qué significa qué?
—¡Estas marcas de pisadas en el suelo!
—Puedo explicártelo todo mi amor…
—¡Explicarme qué! ¿Qué el patas negras vino cuando yo no estaba?
—Manuel, no es lo que parece…
—¡Todo es lo que parece! ¡Es evidente que alguien estuvo aquí mientras yo no estaba!
—Son las huellas del repartidor de Sushi, me pedí hoy para almorzar…
—¡Repartidor de Sushi! ¿Y el saco de huevas también es gásfiter y te arregló el calefón? ¿Y jardinero que te regó las flores y arregló la manguera? ¡y el mismo te limpió el felpudo!
—Manu… el gásfiter me limpió el chiflín… y después…
—¡Qué descaro de tu parte! Yo sacándome la cresta en la pega y a ella limpiándole el chiflín, el felpudo y sacándole el hollín.

Manuel estaba hecho una fiera, pero lo escuché con detenimiento. Supe que hacerlo callar sería imposible. En estos momentos es donde una debe tener tino y saber revertir la situación a cero o enmendar lo que quedó inconcluso. Ser desafiante, pero al mismo tiempo generosa. Las palabras precisas, bien puestas y dichas en la boca de una mujer, son el mejor anfitrión para la pasión desenfrenada y la mezcla de sentimientos muy intensos.

—¡Dame tu leche papito, dámela toda!
—¿y por qué no saluda a “Esteban” con un besito?